La sorprendente elección de Donald Trump y su promesa de revisar el código fiscal de Estados Unidos desencadenó celebraciones en todas las empresas del país, pero algunas industrias apenas habían aplaudido antes de que empezaran a prepararse para una pelea.

La victoria de Trump dio a los republicanos el control del gobierno de Estados Unidos por primera vez en una década, y rápidamente llamó la atención sobre un plan fiscal que el presidente de la Cámara de Representantes Paul Ryan presentó el verano pasado con poca fanfarria.

La reforma radical del código tributario propuesta por Ryan reemplazaría al impuesto a las empresas con un impuesto del 20 por ciento a las ventas nacionales e importaciones de las empresas, mientras que sus exportaciones estarían exentas.

Esto constituyó una señal de alarma para empresas que importan muchos productos como Wal-Mart Stores Inc., Target Corp. y Nike Inc. Los minoristas, los fabricantes de prendas de vestir, zapatos, automóviles y otros iniciaron una fuerte campaña de cabildeo y relaciones públicas contra el llamado “impuesto de ajuste en frontera”.

Respaldada por más de 10,000 llamadas telefónicas a las oficinas del Congreso, por un anuncio de televisión estilo parodia que se transmitió durante el programa “Saturday Night Live” y por varios republicanos que expresaron preocupación acerca del plan, los esfuerzos de los opositores parecen estar ganando, al menos por el momento.

Pero la acción ahora se ha trasladado a la Casa Blanca, que “conducirá el tren” de la legislación fiscal, dijo el secretario de Prensa Sean Spicer. Los cabilderos de ambos bandos dicen que no están seguros de quién determinará el contenido final del plan del gobierno.

Ryan y el representante Kevin Brady, republicano de Texas que preside el Comité de Medios y Apropiaciones de la Cámara, ha defendido el plan de ajuste en frontera como una forma de aumentar los ingresos, que ayudarían a financiar los recortes en los impuestos.

Según cálculos independientes el impuesto podría recaudar más de 1,000 millones de dólares en 10 años. También dicen que ayudaría a los productos fabricados en Estados Unidos a competir mejor en los mercados extranjeros, al tiempo que estimularía más la manufactura nacional.

Quienes se oponen al impuesto de ajuste en frontera dicen que esto encarecería varios bienes de consumo, aunque los partidarios dicen que el fortalecimiento del dólar compensaría esos efectos. Los oponentes han ganado valiosos aliados en la administración de Trump. Se dice que el secretario del Tesoro Steven Mnuchin se opone al concepto de ajuste en frontera, al igual que Gary Cohn, principal asesor económico de Trump.

Se sabe que Stephen Bannon, el principal estratega del presidente a favor de un enfoque “económico nacionalista”, está a favor de la propuesta.

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