“Nuestra predisposición genética a la obesidad se evita con dieta y ejercicio”: Erika Martínez López

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Erika Martínez López

Nuestros Científicos. Erika Martínez, investigadora de la UdeG, estudia una variante genética que predispone a los mexicanos a captar el doble de ácidos grasos de los alimentos. En pacientes del Hospital Civil de Guadalajara demostró que un cambio en la dieta evita las comorbilidades de la enfermedad

Existen diversos factores que predisponen a los mexicanos a desarrollar sobrepeso y obesidad, los cuales se dividen en dos grandes grupos: genéticos y medioambientales. En este sentido, se han estudiado genes relacionados con la regulación del apetito, gasto de energía, transportadores de colesterol o resistencia a la insulina; por otra parte, el medio ambiente se refiere a los hábitos de alimentación y falta de actividad física en la población, entre otros.

Erika Martínez López es investigadora del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y se especializa en nutrigenética y nutrigenómica: estudia cómo factores en la alimentación favorecen o no, o si son protectores, el desarrollo de enfermedades en presencia de componentes genéticos con los cuales ya nacemos.

Los estudios coordinados por la investigadora han detectado que más de una cuarta parte de la población mexicana tendría una variación genética, un polimorfismo, que la predispone a desarrollar sobrepeso y obesidad a través de una deficiente captación de ácidos grasos. La investigación visibiliza un factor genético para generar estos padecimientos; sin embargo, su desarrollo está vinculado directamente con el factor medioambiental.

En grupos de pacientes del Hospital Civil de Guadalajara, la investigadora y su equipo estudiaron la evolución de un polimorfismo del gen Fapb, cuya función es captar los ácidos grasos de la dieta. “Hay un polimorfismo en este gen que se presenta en el 27 por ciento de la población que estudiamos y condiciona que la proteína tenga doble afinidad por su sustrato y absorba el doble de ácidos grasos provenientes de los alimentos”, explica la científica en entrevista.

Este polimorfismo —un cambio en la secuencia del ADN que se presenta en más del 1 por ciento en una población— se ha asociado con resistencia a la insulina, hipertrigliceridemia, diabetes 2 y enfermedades cardiovasculares, que prevalecen en nuestro país, añade.

En los últimos meses, los científicos han detectado que el patrón de alimentación de la población del occidente de México, que es común en todo el país, es una dieta con ácidos grasos saturados principalmente. “Si bien este componente genético nos predispone a un riesgo, hay mucho que hacer para controlar nuestra alimentación adecuadamente. Con este gen, por ejemplo, podemos ingerir los ácidos grasos deficientes en nuestra dieta, que generalmente es elevada en hidratos de carbono simples, ácidos grasos saturados y bastante deficiente en ácidos grasos poliinsaturados, que son benéficos para la salud”.

En sus estudios han encontrado también que los ácidos grasos poliinsaturados  tampoco son los mejores en la dieta de los mexicanos, puesto que tiene un desbalance de ácidos grasos omega: hay una ingesta muy elevada de ácidos grasos omega 6 (proinflamatorios) y en menor medida de ácidos grasos omega 3 (antinflamatorios). “Tenemos una dieta proinflamatoria, por eso muchas enfermedades de este tipo se asocian a nuestro estilo de vida, específicamente con nuestra alimentación y falta de ejercicio”.

VIDA SALUDABLE. Pero este polimorfismo del gen Fapb es sólo una de las diversas variantes genéticas que representan un riesgo para los mexicanos. Erika Martínez puntualiza que muchas participan en ciertas vías metabólicas, en este caso el gen se vincula particularmente con la vía de ingestión dietética y actúa a nivel intestinal. “La proteína codificadora de este gen, que es la proteína de ácidos grasos intestinal, absorbe los ácidos grasos provenientes de la dieta. Evidentemente puede interaccionar con otros genes que actúan a diferentes niveles, como el metabolismo de los carbohidratos y lípidos que, aunado a una baja actividad física, predispone a las enfermedades de la obesidad y sus comorbilidades”, abunda la también miembro de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC).

Pero todo este desenlace genético puede ser prevenido o amortiguado por hábitos saludables, lo cual también ha sido comprobado en los estudios realizados en los pacientes del Hospital Civil. Con un control de la dieta de éstos, lograron disminuir diversas comorbilidades de la obesidad, como la resistencia a la insulina, obesidad abdominal, hipertrigliceridemia y el aumento de colesterol en la sangre.

En ese momento el objetivo fue observar el efecto que tendría un cambio sustancial en los hábitos alimenticios de los individuos, pero ahora llevarán a cabo otro estudio donde combinen estos resultados con los de un programa de activación física, esperando que el efecto sea mayor y se potencie el efecto benéfico. A su vez, conjunta a la dieta, se lleva a cabo el estudio del efecto de regular la ingestión de ácidos grasos omega 3 y omega 6 en los pacientes.

“Hay que dar a conocer a la población que tenemos malos hábitos y hemos dejado muchas cosas, benéficas en nuestra alimentación, que debemos recuperar desde la infancia —tenemos el mayor índica de obesidad infantil en el mundo—, y evitar las cormobilidades que representan en la adultez. Podemos hacer mucho por mejorar nuestros hábitos saludables, llevar dietas balanceadas y realizar actividad física, eso evitará que la predisposición genética a desarrollar estos padecimientos tenga efectos”.

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